lunes, 24 de agosto de 2009

Oposición versus Ingobernabilidad Democrática.

Víctor E. Sánchez
Periodista Independiente
victorernestosanchez@ymail.com
SANTIAGO DE CUBA – agosto 22, 2009 (www.aplopess.com) El concepto de la Ingobernabilidad Democrática nace como una actitud ciudadana ante las entramadas telarañas del poder totalitario. Sin embargo, necesita de un ejercicio. Ejercicio que tiene ser encabezado por los ciudadanos más capaces y definidos ideológicamente. Esos ciudadanos -en su conjunto- se tipifican filosóficamente como la oposición política.
La oposición en su concepto tradicional se agrupa en partidos políticos, con una plataforma programática clara y definida con basamento social. Los partidos políticos tienen que tener una estructura con capacidad de formar gobierno, como una alternativa del poder. En una sociedad democrática, incluso la sociedad civil se puede concebir como instituciones apolíticas, porque en su intención de apoyar a la sociedad en su conjunto no pueden asumir inclinaciones partidistas.

En los regímenes totalitarios nada es apolítico, esa es una de sus ventajas sobre la democracia. La democracia para recuperarse en si misma ante el totalitarismo, a todo tiene que encontrarle el mejor matiz de toda intención política. Esa intención política es la que tiene que ser diferente e inteligente para no caer en las redes del sistema que se trata de suplantar.
A partir de la iniciativa de la Ingobernabilidad Democrática se busca cambiar el enfoque de nuestra lucha. Todos piden cambios a los que sostienen y viven del poder, eso es ilógico. Los métodos de los que ostentan el poder por más de 50 años en Cuba han sido efectivos, no hay razón para cambiarlos. La que no ha conseguido un método efectivo ha sido la oposición, entonces es la oposición la que tiene que cambiar su estrategia.
La puesta en práctica de la iniciativa de la Ingobernabilidad Democrática y sus gobiernos paralelos o de oposición, han puesto de manifiesto la intención de la oposición interna y externa de seguir arrastrando los mismos errores y se aferran a los procedimientos que la han conducido al fracaso hasta la fecha.

La idea puede ser muy novedosa, pero hay que ajustarse a sus mecanismos, si realmente se quiere hacer la diferencia. Y esto no se percibe a simple vista. Los intereses personales y de grupos están prevaleciendo sobre la estrategia organizativa, que precisamente en la descentralización y el protagonismo masivo tiene su principal razón de ser.
Todos los sectores de la sociedad tienen que convertirse en opositores, todos contra uno: el régimen, para que el pueblo entre en oposición. No contamos con un tejido social que de soporte a nuestras pretensiones democráticas, muchos quieren ser cabeza de un cuerpo que no existe. Ese es uno de los males que pretendemos seguir arrastrando.
Los gobiernos de oposición son la base de la gobernabilidad democrática, la alternativa de poder que se necesita para que la población identifique un nuevo liderazgo. Un liderazgo forjado al fragor de la lucha, hombro con hombro con el ciudadano de a pie, ese que sufre y siente en su propia piel el látigo de la represión social. Ahí está la mayoría y la oposición es parte de ella y tal parece que marchamos por caminos distintos. Alguien podría preguntarse, ¿sería lógico criticarnos nosotros mismo? Si no somos capaces de autocriticarnos y asumir el camino correcto, entonces tendremos que aceptar la crítica constructiva, que corrija nuestros errores y liderar un movimiento de masas, que es lo único que puede cambiar nuestra situación real.
Lamentablemente a muchos no les conviene la descentralización y despersonificación de la lucha. No importa los que puedan entrar en conflicto de intereses, en realidad son minorías. La propuesta de la lucha masiva, es la liberación tramo a tramo, limpiando todo lo que estorba, de izquierda a derecha y de derecha a izquierda.
No es un pueblo llorando o mendingando derechos, es un pueblo ingobernable ante las autoridades incapaces de darle respuesta a sus demandas sociales. Es cierto que se ha notado cierto inmovilismo en la implementación de la iniciativa, tal parece que no fuera muy atractiva para muchos, aunque comprendan su importancia, pero al pueblo le sobran razones para demandar al régimen y la oposición no tiene justificación para no canalizar las demandas sociales, porque no necesitan como en otros proyectos, recursos y logística externa. Aquí están los problemas, el material humano y el gobierno en todas sus instancias, solo se necesita el valor cívico para confrontarlo.
La salida del país bajo la condición de refugiado político hacia el país más rico y estable del mundo es una posibilidad muy atractiva, que no muchos están dispuestos a renunciar. Si se toma en cuenta que por iguales motivos, miles han perecido en el mar o en el mejor de los casos han pagado altas sumas de dinero. Aquí comienza el dilema, cómo hacer atractiva nuestra lucha, con algo que vaya más allá del simple sentimiento del patriotismo.
No todos pueden alcanzar el privilegio de la salida, con esos que marchan contra toda esperanza, tenemos que conformar la nueva oposición. La oposición popular, la que sabe que lucha o perece en el intento. La que no cree que su proyecto tiene que tener resultados inmediatos, pero si tiene que estar preparada para cuando llegue el momento del juego democrático. No podemos lamentarnos, cuando mediante el ejercicio de la democracia, nuestros adversarios políticos de hoy, nos saquen ventajas electorales.
Los Gobiernos Municipales de Oposición, nos están brindando esa posibilidad, montar las estructuras mínimas de la gobernabilidad democrática. El contacto con el pueblo y sus inquietudes sociales, es nuestra principal herramienta de lucha, no desperdiciemos esta posibilidad, luego será tarde. La oposición cubana está en su peor momento en la correlación política internacional, solo un fuerte movimiento de masas puede hacer la diferencia y revertir nuestra situación.

¿Qué se haría el régimen con una estructura de oposición en cada uno de los 169 municipios y un delgado de la oposición en cada una de las más de 15 mil circunscripciones existentes en el país? Ya no seríamos grupúsculos, y la opinión pública nacional e internacional, obligatoriamente tendría que ser diferente.
Un movimiento popular interno, cambiaría la dinámica, incluso de los medios. Nuestra realidad se disocia fácilmente y frecuentemente nos ponen a perseguir situaciones banales y por inercia e idiosincrasia caemos en la trampa y perdemos el foco de nuestro objetivo principal, mover los engranajes de un verdadero enfrentamiento interno con el régimen que oprime y mata.

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